6 jun. 2011

EL PACTO DE OLIVOS Y RICARDITO ALFONSÍN

El Pacto de Olivos contra Alfonsín

Por Lucas Carrasco


Cuando Raúl Alfonsín, en 1994, firmaba el Pacto de Olivos que lo hundió electoralmente para siempre y le permitió la reelección a Menem, seguramente no se imaginaba que ese mismo Pacto sería una piedra en el camino de la carrera política de Ricardito, su hijo.

Ricardito salió a la luz pública antes de que su padre falleciera. Fue candidato a gobernador en el año 2007 por la UCR: sacó, apenitas, el 5% de los votos. Pero adquirió la suficiente experiencia gubernamental –durante los dos últimos años, fue vicepresidente tercero de la Cámara de Diputados- como para, al próximo turno electoral, presentarse como candidato otra vez, esta vez a presidente.

Y enfrentarse con el obstáculo del Pacto de Olivos.

Ese Pacto corporativo preveía, a cambio de la reelección de Menem, como regalo al radicalismo con tal de consolidar el bipartidismo –la UCR venía de gobernar, o sea, estaba muy golpeada- la creación del elitista Consejo de la Magistratura, e tercer senador por la minoría (sin esa cláusula, nadie sabría quién es Ernesto Sanz o Gerardo Morales), la autonomía porteña y la eliminación del colegio electoral.

Esta eliminación del colegio electoral, por lo cual cada argentina pasa a representar un voto, junto a la autonomía porteña, por lo cual todo el país paga los servicios que administra o pretende administrar un intendente electo, consolidaron el esquema neoliberal de pulverización del federalismo y agrandaron las desigualdades estructurales de la argentina.

Hoy, El Hijo De alfonsín se encuentra con que las cosas no salieron como su padre las había previsto: son justamente la ciudad y la provincia de Buenos Aires –su territorio- quienes condicionan el despliegue potencial de su candidatura.

El acuerdo con Javier González Fraga para reeditar la fórmula duhaldista radical del 2007 –con Lavagna y Gerardo Morales, pero invirtiendo los términos- plasma el escenario imaginado para la campaña electoral. Como la ciudad Autónoma tiene elecciones desdobladas, entre otras razones porque concentra el puerto y no eroga sus principales servicios, como la policía, El Hijo De alfonsín no necesita hacer un acuerdo con Mauricio Macri para que sus votantes lo elijan, en el turno presidencial, a él. Por eso la candidatura testimonial de Clarín, con Silvana Giudici, disputa la primacía, cabeza a cabeza, del grupo que los encuestadores llaman “otros” sin que a los estrategas radicales se les mueva un pelo.

Distinta es la situación de la provincia de Buenos Aires, que concentra casi el 38% del padrón electoral nacional, con lo cual, tras el Pacto de Olivos, es clave para ganar cualquier elección.

Así es que se organizó un acuerdo entre Francisco De Narváez, que necesitaba un candidato a presidente, y el ex candidato a gobernador radical, que necesitaba un anclaje territorial en su propia provincia.

Los vericuetos ideológicos que eventualmente deberán sortear, nunca pueden estar por encima de la realidad electoral, moldeada por el pacto bipartidista que, junto con las primarias abiertas nacionales y obligatorias (PASO), tienden a organizar de manera más institucionalizada a la oposición. Tarea para la cual la UCR viene bastante en mora. Más allá de la ayuda que le brinda la iniciativa kirchnerista del PASO para aliviar los efectos –perniciosos para El Hijo De alfonsín- del Pacto de Olivos.