23 may. 2011

LA PRENSA MONOPÓLICA Y SUS VOCEROS

Mienten y chocan contra la pared


Muchos de los intelectuales orgánicos de las fuerzas conservadoras se sienten atrapados en una suerte de complejo de exclusión; no soportan haber quedado por fuera de lo que acontece en la profundidad del país (*).

Por Víctor Ego Ducrot

Me lo pregunto en serio. ¿Por qué los medios hegemónicos mienten tanto a la hora de informar, y los intelectuales orgánicos de la derecha siguen chocando una y otra vez contra la misma pared, con explicaciones acerca del kirchnerismo y del gobierno nacional que, en muchos casos, traicionan sus prestigios como pensadores, como académicos?

Existen motivos que explican la conducta de los unos pero no la de los otros. Por ejemplo, el Grupo Clarín y sus socios comprueban que sus privilegios económicos corren peligro en tanto y cuanto el Estado Nacional prioriza el orden republicano, expresado en leyes que tienen que cumplir, y no quieren hacerlo. A muchos de los intelectuales orgánicos de las fuerzas conservadoras les sucede algo más dramático aun: se sienten atrapados en una suerte de complejo de exclusión; no soportan haber quedado fuera de lo que acontece en la profundidad del país, tras tantos años de sentirse y proclamarse titulares de sacras verdades.

Sin embargo, ni las económicas ni mucho menos las de cierta psicología de prestado son causas suficientes para explicar lo que ocurre, al menos para responder a la pregunta con que comienza este texto.

El problema de fondo que los aqueja es otro, y permítanme retomar lo que brevemente ensayé desde estas mismas páginas con una columna de opinión que titulé “¿Una revolución en la cultura política?”. Allí decía que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner considera, porque sabe leer nuestra historia, que el desarrollo de una república sustancial e inclusiva requiere de una fuerte síntesis del poder constitucional a partir del gobierno nacional o federal, porque es la Nación la encargada de fundar a la Nación; que ello implica una superación de las viejas construcciones políticas, basadas en mayorías más o menos adquiridas desde los poderes territoriales y partidarios; y que esa superación conlleva la instalación de nuevas generaciones de militantes, dirigentes y funcionarios, como también el surgir de un nuevo dispositivo productor y reproductor de sentidos, de un cuerpo de ideas y valores.

Ahí puede estar la madre del borrego, la respuesta al interrogante: lo que los productores y reproductores de sentidos no toleran es la surgencia de un fenómeno cultural que disputa escalas e interpretaciones de lo que está bien y lo que está mal, de lo que es bello y de lo que es feo, de lo que es justo y de lo que es injusto. Se resisten al alumbramiento de un nuevo contrato social que proponga “nunca menos” de lo que se viene logrando en materia de inclusión ciudadana y construcción de república (no oligárquica), y todo porque en ese nuevo escenario no serán ellos, “nunca más”, los que disciplinen al conjunto de la sociedad en orden a sus sistemas de intereses.

Y hasta dónde están obcecados, algunos con sus mentiras, otros con sus superficialidades, que no prestan oídos atentos a ciertas voces que son propias, que participan en reuniones como la citada del Museo Roca.

En esa oportunidad, el consultor y analista Carlos Fara pretendió advertirlos. Al comentar una encuesta realizada por él en diciembre pasado, y reiterada en el último marzo, dijo: para el 66 por ciento de los entrevistados, el país está mejor que en la época de Menem; primero un 54 por ciento y luego el 60. Además estimó que en la Argentina se está aplicando un modelo productivo; entre un 58 y un 63 por ciento consideró que los medios de comunicación actúan como partidos políticos; y un 56 admitió que el gobierno se ocupa de los que menos tienen. También puso en duda la veracidad de las mediciones de audiencia televisiva, monopolizadas por la empresa Ibope, al sostener que la cantidad de gente que dijo ver el programa 6 7 8 “supera por completo cualquier rating”.

Finalmente remató: “El relato kirchnerista se instaló no hace más de tres años; había un mesías, Néstor Kirchner, pero sin evangelio ni evangelistas (…). El que está con el gobierno tiene muchos más insumos que el que está en contra. Eso se da a partir de medios como Tiempo Argentino, 6 7 8 y Duro de Domar (…). El relato kirchnerista tiene mucho más que ver con la matriz argentina y eso generó una adhesión emotiva. Hasta los ‘90, la adhesión era pragmática, por intereses. La adhesión al relato kirchnerista está más allá de los beneficios económicos (…)”.

En fin, si los que se reúnen para encontrar argumentos teóricos contra el proyecto nacional lo dicen, así será; aunque incluso los más realistas caigan ante la tentación de rodear sus palabras con un hálito o tufillo de desprecio.

Pero también mienten y siguen a los coscorrones de testas contra los muros, o están nerviosos porque los “evangelistas” del modelo que propone Cristina son de carne y hueso, sujetos tangibles que aumentan cada día su participación concreta y se organizan en instancias militantes, dando cuenta de los nuevos tiempos, de los vectores de comunicación popular mediatizada y no mediatizada de este siglo XXI.

Entre los casos más representativos de esas novedosas formas militantes sin duda se ubica el de la Corriente por una Comunicación Nacional y Popular (CCNP) –Casas Compañeras, que encabeza el titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) , Gabriel Mariotto, como espacio surgido de la experiencia movilizadora que condujo a la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Esa formulación es novedosa porque encierra dos trabajos paralelos que se entroncan con criterio de red, informándonos además acerca de cómo ciertas matrices surgidas de las innovaciones tecnológicas se reflejan en términos de organización social concreta, escapándosele a la trampa fetichista de la virtualidad: el de la comunicación desde medios populares y el de la participación y el empoderamiento territorial, a partir de los hogares mismos de los militantes, por fuera de las viejas formaciones partidarias.

En lo que va del año, centenas de Casas Compañeras se han abierto en distintos puntos del territorio nacional, muy especialmente en la provincia de Buenos Aires. En un último plenario, realizado a principios de abril pasado, cerca de 200 militantes refrendaron la idea de que se trata de un proyecto para debatir en los barrios acerca de la necesidad de apoyar a Cristina en su gobierno, acompañar con energía a su candidatura para un nuevo mandato presidencial y ofrecerle una estructura social, política y cultural que aporte al programa de transformaciones.

El 19 de mayo, Mariotto y militantes de toda la provincia se aprestaronn para un gran acto en el Centro Cultural Carlos Mujica, en el partido bonaerense de Lomas de Zamora, en el cual se inaugurarán nuevas Casas Compañeras, con la presencia de la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Alicia Kirchner; el secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zannini; el gobernador de la provincia de Chaco, Jorge Capitanich; y el vice ministro de Desarrollo Social, Sergio Berni. Un encuentro de “evangelistas”, diría Fara.

(*) Publicado por el director de APAS en el diario Tiempo Argentino el 18 de Mayo de 2011